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lunes, 7 de enero de 2013

Apuntes de M. Forcada sobre la ruta de Alhucemas

En nuestra ruta de hoy por Sierra Alhucemas, hemos contemplado desde el borde, a más de 1.200 metros de algura, en la vertiente sur de esa sierra, esa extrño accidente geográfico que alguna vez hemos llamado "circo de un glacial", "embudo cósmico" y otras lindezas por el estilo. Hoy mismo alguien, creo que Antonio, comentó que probablemente se debía al hundimiento de una cavidad subterránea.


Pues veamos lo que dicen los científicos. En el libro titulado ANÁLISIS GEOAMBIENTAL DE LAS SIERRAS SUBBÉTICAS CORDOBESAS, de M.L. Torres Girón y J.M. Recio Espejo Edición del Ayuntamiento de Priego en 2001), se comenta este fenómeno dentro del apartado "Otras formas kársticas de interés". En la página 168 presenta un croquis con vista desde Lagunillas y dice que se trata de una "megaestructura cónica" con "morfología en embudo de paredes muy verticalizadas". Y añade que en las paredes hay "grandes espigones de rocas verticales de considerable tamaño". También dice que tal fenómeno "podría coincidir con zonas de acumulación de nieve o bien con antiguas cavidades en la actualidad derruidas". O sea, que el origen puede estar efectivamente en el hundimiento de una cueva. Lo que no sabemos es si eso ocurrió hace 30.000 años o 30 meillones de años, eso para hablart con precisión y ya saben los senderistas de hoy por qué lo digo.

Por lo demás, hemos tenido un día magnífico y a la vuelta hemos practicado nuestra excelente costumbre de intentar recorrer una zona por la que nunca habíamos pasado antes. Recorrido de la vertiente este de Sierra Alhucemas y bajada por terrenos poco recomendables, hasta el cortijo de las Chozas. La próxima vez en esta zona se recomienda llevar el paracaidas.

Miguel Forcada

miércoles, 5 de diciembre de 2012

Eva levanta pasiones


Tal vez sea por las lecturas
del bestsellers de las sombras
por eso ya no me asombra
que ponga las cosas duras.

Del halo de su persona
que se expande por natura
una orgía de feromonas
subiendo la calentura.

De ser capaz dio la prueba
con orgullo renovado,
si tiene un nombre el pecado
desde la Biblia, esa es Eva.

Y fue a tentar a un caballo
mas que manzana con pera
le enseñó una en la mano
de las dos que siempre lleva.

el caballo entusiasmado
levanta el labio y se enerva
pues se ha quedado prendado
se ha enamorado de Eva.

Y le muestra sus encantos
su naturaleza en vena
una manga de tres cuartos
con lunares de verbena.

Eva levanta pasiones
hasta los buitres la rondan
pero si hace comparaciones
todas ya se quedan cortas.

Pues como un potro salvaje
presto para la remonta,
no hay nada que mas encaje
aunque el tamaño no importa.

Ya sea por mucho o por poco
pues al final el linaje
será de caballo loco
en perfecto maridaje
cruzado con cabra loca.

            He dicho.
-Antonio Luque Cañete.

martes, 14 de febrero de 2012

Un día inolvidable de senderismo, ruta El Salado-La Pelona, 25-09-2011
















CARTA DE UN COMPAÑERO DESAPARECIDO.
En recuerdo a mis nuevos compañeros senderistas de la Cabra Loca y en especial a Yolanda.

Queridos compañeros:


No lloréis por mí….. Me habéis abierto vuestros brazos para acompañaros por esta ruta hacia la Pelona, me proporcionasteis agua, alimento y sobre todo, me disteis vuestro cariño y compañía, lo último que querría es veros sufrir por mí.


Ahora que no estoy con vosotros, no quiero veros tristes. Deseo que cuando penséis en mí, sonriáis, pues así sabré que mi recuerdo os hace felices. Quiero que recordéis los buenos momentos que pasamos, nuestras muestras de cariño, nuestros juegos…y si alguna vez os defraudé, o me porté mal, perdonadme. Y por favor, no tiréis a la basura, los buenos momentos que compartimos, porque en este mundo hay muchos otros colegas que viven en soledad, tristes, sin cariño….muchos que darían su vida por compartir la vuestra.


Y a ti Yolanda: No, no lo digas, no digas que no quieres tener más animales… eso me hace pensar que el tiempo que estuve contigo no te hice feliz. Por favor, que mi muerte no sea en vano, que sirva para que otro tenga la suerte de poder vivir y conocer lo maravillosa que es tu amistad, que conozca la verdadera vida de perro (perdón de gato), que descubra el cariño. No estés triste… yo no lo estoy, porque sé que guardas ese rinconcito especial en tú corazón…para mí.

Mini……el Gato.

Cortesía de Francis Martínez.

lunes, 31 de octubre de 2011

30-10-2011 crónica ruta La Maroma por Francis Martínez

DIA 30 DE OCTUBRE DE 2011, SUBIDA AL PICO DE LA MAROMA.
En un asiento del autobús. Manolo García reflexiona.

Hola: Quiero darles a mis compañeros de senderismo un mensaje de felicitación por haber pasado la ruta de la Maroma con tanta energía y por hacerme tan feliz, en los momentos que anduvimos juntos. Nos reunimos a eso de las 6.30 horas de la mañana para dar el inicio y más tarde el fin de una ruta más. Ha sido un largo camino el que hemos recorrido, (algunos más que otros) hasta terminar por fin, el fin que algunos vimos tan lejano, ha estado más cerca que nunca.
El camino no ha sido fácil y nos hemos enfrentado a algunos obstáculos a lo largo del sendero, desacuerdos, conflictos, emociones y muy buenos momentos. Como olvidar a los “primeros " que aceptaron el reto de tomar nuestra senda como una carrera, sacándonos de quicio a los "últimos", con su aptitud un poco inquieta. También no olvido aquellas salidas de (senderismo), en las que descubrimos facetas ocultas en más de un compañero y también descubrimos que podíamos confiar unos en otros. Esos días de senderismo en los que un comentario nos hacia reír y nos hacia caer en la cuenta de que compartimos el sentido del humor, y que después de todo no somos tan diferentes.
Muchos de nosotros hemos caminado juntos algunos años y otros, que nos conocemos de hace menos tiempo, ya son parte fundamental de esta peña La Cabra Loca. Este año ha sucedido un hecho que no esperaba, nos hemos ido de ruta fuera de nuestro entorno, y hemos recorrido algunas rutas que nadie olvidará, cuya experiencia, sirvió para consolidarnos como grupo, no sin antes agradecer en nombre de todos a nuestro compañero Rafael Pimentel su trabajo y esfuerzo desinteresado con el blog sin el cual esto no sería posible. Agradecer a los guías que nos han guiado hoy por la ruta de La Maroma y a todos los compañeros que tan fielmente los han seguido en su carrera hasta el final.
A todos mis compañeros aquí presentes les pido que mañana al despertar, empiecen el día pensando en lo exitosos que son, que no dejen de lado sus sueños, que la etapa laboral no la vean como una responsabilidad, sino como una necesidad emocional. Disfruten a su familia, vivan con intensidad cada momento del día celebrando sus éxitos y dejen en el pasado sus derrotas.
Gracias compañeros y grandes amigos, por estos momentos que hemos pasado juntos de senderismo, aunque a veces, con rencillas, discusiones, etc..... (cosa que es común), quiero que sepan que los aprendí a conocer y a valorar, cada uno de Ustedes es muy importante para mí, jamás los olvidaré (aun nos quedan muchas rutas que realizar).
Para terminar, quiero agradecer y felicitar a todos los que nos han acompañado hoy en la ruta y espero que hayan pasado un día muy feliz. Muchísimas gracias a todos y os espero para la próxima.

Os quiero un montón.
Francis Martínez

P.D. Así comienza una canción.
Hay recuerdos que no voy a borrar
personas que no voy a olvidar
Silencios que prefiero callar.........

miércoles, 23 de marzo de 2011

Tiembla Edurne, crónica de Antonio L. Cañete sobre el Lobatejo

¡TIEMBLA EDURNE!


Después de la última salida, del que entre nosotros denominamos como grupo senderista la cabra loca, y haciendo honor a este nombre la última hazaña dejó a nuestras caprinas mascotas en un escalón inferior, pues puede que incluso les hayamos abierto algún camino.
Con el interrogante del anuncio de la ruta, que dejaba un reto solapado, en el que se proponía una alternativa para más débiles, por si el empeño era excesivo. Esto picó al personal y acudieron si cabe mayor número de senderistas a la cita preparada por los malandrines de Carcabuey, para atreverse con la dura subida al Lobatejo desde su cara por Bernabé, y entre los asistentes las representantes del antaño mal denominado sexo débil, compuesto por las siete magníficas que venían dispuestas a darnos una lección.
Quien dijo miedo, allí estaban ellas dispuestas a todo, y casi sin despeinarse y tirando del grupo hicieron cumbre y ocuparon el pódium con el nítido cielo azul al fondo, y los buitres planeando bajo sus pies, mientras la voz del Divino les decía “Mari, tu puedes”, porque yo cada vez estoy mas convencido, y para mi que al final Dios va a ser mujer, y a estas ya no hay quien las pare.
¡Tiembla, Edurne Pasaban! Que te va a durar poco el record de los ochomiles, pues las chicas de nuestro grupo son capaces de hacer cumbre a mediodía e ir a los toros por la tarde.
¡Sois las mejores! Y para vosotras estos ripios humorísticos:

LAS SIETE MAGNÍFICAS

Por si alguien tenía dudas
que nos superan de lejos
en condiciones muy duras
conquistaron el Lobatejo.

Cual profecía mesiánica
han conquistado la Tierra
esta noble raza hispánica
de criaturas de la sierra.

Espero que se me entienda
no tomen a mal mis palabras
no quiero entrar en contiendas
ni les estoy llamando cabras.

Aunque su imagen me evoca
es decir que me recuerda
que el andar de roca en roca
no es de persona muy cuerda
es mas bien de cabra loca.

Que al fin y al cabo ¡Caray!
en vez de criar legañas
andan subiendo montañas
y a ver que necesidad hay.
Pero le han cogido gusto
y a saber donde llegarán
le pueden dar un disgusto
hasta a Edurne Pasaban.

Cuando caigan ochomiles
y la fama se les abra
solo me queda decirles
a estas diosas de la Tierra
sus triunfos en estas lides
dediquen a la Virgen de la Sierra
que es la patrona de…..Cabra.


Fdo. Antonio Luque Cañete.

jueves, 10 de febrero de 2011

Cueva de los mármoles, minicrónica de Miguel Forcada.

CUEVA DE LOS MÁRMOLES
Aunque también tiene valores puramente espeleológicos, “Mármoles” es, sobre todo, una enciclopedia de la arqueología en la provincia de Córdoba. Se trata de una cueva conocida desde siempre y de tan fácil acceso que penetran en ella senderistas y profesores con sus grupos de alumnos cuando aquellos quieren que estos tomen contacto sin riesgos con el mundo subterráneo. Pero al burgalés Julio Martínez Santa-Olalla, que la visitó en 1934, le bastó una ligera excavación para darse cuenta de su importancia; su breve noticia publicada en una revista especializada de la época convirtió a “Mármoles” en la primera mención científica sobre un yacimiento neolítico en la provincia de Córdoba.
Hasta su más profunda entraña había penetrado en 1895 ese hombre del Renacimiento y pionero de la arqueología que fue Francisco Ruiz Santaella. Después, aprovechándose de su fácil acceso, pasaron por allí investigadores como Bernier y Fortea o López Palomo y arqueólogos varios a partir de Mª. Dolores Asquerino, que constataron ocupación humana en todas las épocas prehistóricas e históricas; pero también pasaron espeleólogos de diversa procedencia, senderistas despistados, estudiantes bien motivados y expoliadores de la peor calaña. Las seis campañas de excavación (1982-1987) realizadas por la doctora Asquerino, terminaron de forma traumática (afloraban ya los restos del Paleolítico Superior) cuando intervino un expoliador delincuente.
En 1997 el GESP denuncia que continúan los expolios y en 1998 se realiza una prospección y recogida exhaustiva superficial de restos dirigida por Rafael Carmona que demuestra la increíble potencia arqueológica de esta cueva, a pesar de los incontables expolios. Una última muestra de esa potencia es el estudio aparecido en el número 22 de ANTICVITAS que demuestra la existencia en la cueva de un taller para la fabricación de brazaletes de piedra… en la época neolítica. Proceso tecnológico puntero: percusión directa sobre piedra natural, tallado, piqueteado, horadación circular interior, abrasión exterior, regularización, pulido final.
El 13 de Octubre de 2007 tuvo lugar en torno a esta cueva un acto insólito y de alto simbolismo. Tras rendirle un cálido homenaje en el Museo Arqueológico de Priego, las cenizas de María Dolores Asquerino fueron esparcidas en torno a la boca de la cueva de los Mármoles en presencia de muchos espeleólogos de toda la comarca. “Para nosotros –escribió poco después el Presidente del GESP, Fernando Rodríguez- será siempre la gran luchadora contra las expoliaciones arqueológicas y contra las excavaciones ilegales en Priego”.

SITUACIÓN GEOGRÁFICA: En la Sierra de Campos o de los Judíos (Priego), al alcance de la mano.
COORDENADAS: UTM X:400.004 Y:4.146.819 Z:888
DESARROLLO TOTAL: 376,77 m.
DESNIVEL: - 45,27

BIBLIOGRAFIA:
* “La cueva de los Mármoles: análisis de resultados de una prospección arqueológica superficial”, de R. Ramona y otros. En ANTICVITAS nº. 10 de 1999, pp. 5-24.
* “Un taller neolítico de brazaletes de piedra en la Cueva de los Mármoles”, de Francisco Martínez-Sevilla. En ANTICVITAS nº. 22 de 2010, pp. 35-56.
* Bernier, J. y Fortea, J. “Córdoba, Tierra Nuestra”, Caja de Ahorros de Córdoba, 1980.

martes, 2 de noviembre de 2010

01-11-2010 crónica de Miguel Forcada ruta Priego-Rute

MINICRONICA SENDERISTA

PRIEGO-RUTE POR LOS CAMINOS VIEJOS
Hoy hemos hecho una ruta preparada durante más de un año. Desde Priego hasta Rute por los caminos viejos es decir, por el GR7. Han sido 26 Kms. de sierra en sierra. Pero esto es una minicrónica y no sé como se pueden meter siete horas y media en una minicrónica. Nos reunimos en la Fuente de Carcabuey (frente a la Fundación Arjona Valera) a las 7,30 de la mañana. Éramos 10: Menchu, Rosa, Eva, Yolanda, Agustín, Francisco, Rogelio, Alonso, Paco y este escribidor. Mucho barro en el primer tramo, subiendo por el valle de Jaula bordeando el arroyo que baja del manantial del Arrimaízo. Cielo gris, amenazando lluvia, a pesar de Maldonado.
Desde la “Pasá de los Arrieros”, el camino viejo de Rute parece más bien un bosque de ribera, una gozada hasta Vichira-nuevo, donde saludamos a Miguel Montes que corría como un mozuelo tras su piara de cabras. Primera comida en Vichira, ese lugar mágico en el que uno puede encontrarse con la Edad Media. Según el robot que Rogelio lleva en su muñeca, habíamos recorrido 15 Kms. en poco más de tres horas; una media de casi 5 Kms., demasiado deprisa.
Atravesamos el peñascal que baja del Jardín del Moro y afrontamos la vereda que recorre la Sierra de Rute de punta a punta trazando sobre el valle un arco inmenso jalonado por marmolillos de granito desde el número 113 y por estacas adornadas con una flechita y por tatuajes pintados, rojo y blanco, en la piel agrietada de los árboles; difícil perderse. La vereda atraviesa encinares, pinares, pedregales desprendidos de los tajos, bosquetes adornados de retama, cornicabra (con sus pimientos retorcidos, dudosamente aptos para una fresca ensalada) y zumaque rojizo pues estamos ya en otoño; pero entre tanta belleza, la vereda sube y baja, baja alegremente, pero sube cruelmente y nos lleva hasta más de 800 metros de altura. Caminamos a un ritmo endiablado. En una breve parada alguien lo advierte y otro dice que en adelante, vayamos más despacio para poder disfrutar del paisaje. Subimos la espina dorsal de un cerro como por una escalera y el ritmo no decrece. En la siguiente parada, mientras tomamos resuello, alguien pregunta: “¿bien, no?”; y Rogelio exclama: “bien, muy bien… vamos disfrutando del paisaje…¡¡¡ echando hostias!!!.”
Tomamos medidas drásticas, hay que ir más despacio, a este paso podemos estar en Rute a las tres de la tarde. Sería mejor… perderse un rato; ponemos en cabeza a alguien más moderado; la vereda persiste en su tobogán, casi montaña rusa, pero mantiene la buena dirección; contemplamos mejor los despeñaderos que bajan de la sierra, el musgo que ha crecido con las primeras lluvias, los colores del otoño, los paisajes que vienen desde el Chaparral y La Solana, abriéndose desde La Camorra hasta el Lobatejo, pasando por la Sierra Gallinera que nos da la espalda y nos enseña su caparazón más engañoso. Segunda comida en el mirador de la Palomina, desde el que se domina todo ese mundo, hoy cubierto de niebla, incluso para los buitres y las águilas que nos persiguen. Desde el mirador el camino sigue elevándose llegando hasta los 970 metros cuando solo estamos a dos kilómetros del casco urbano de Rute. Después, todo hacia abajo.
No terminamos en el Rute viejo, como esperábamos, sino en la reserva de Adebo pintada de azul añil; no es mal lugar. Un poco más abajo nos espera Rute, una copa de ligado entre seco y dulce, el Museo del Anís, nuestro amigo Anselmo al que vimos cruzar como un relámpago de oratoria entre una nube de turistas.
Los piononos de Rute, tuvimos que comprarlos en La Esmeralda de Priego...

Miguel Forcada Serrano

martes, 15 de junio de 2010

Minicrónia de Miguel Forcada ruta Sierra de Rute

Hola Rafael:

Te mando este mensaje para que sepas lo que hemos hecho hoy, si quieres ponlo en el blog. La ruta de hoy ha sido muy interesante. Tratábamos de encontrar y recorrer el GR 7 en el sector Dehesa Vichira-Rute viejo, para completar el conocimiento que tenemos del camino viejo desde Priego hasta Rute, que deseamos hacer completo algún día. Llegamos al barranco que desagua el Bermejo por el Cerro Poyato y tomamos un caminillo "de cabras" que nos llevó casi una hora por la falda de la sierra de Rute. Pero bnos dábamos cuenta de que no debía ser el GR7 porque no veíamos postes ni señales de ningún tipo. Intentamos subir a lo alto de la sierra para ver la otra vertiente (Lagunillas -Rute), pero se nos vino la niebla encima y nos dejamos caer hasta los olivares sin darnos cuenta de que cruzábamos el sendero buscado (F. Martínez) se dio cuenta pero no le hicimnos caso. Llegamos hasta unos 500 metros de la aldea de las piedras y cuando ya pensábamos volver por la carretera, alguien (Rogelio o Francis Martínez, o los dos?) se empeñaron en que subiéramos hasta la hilera de pinos que bordean la sierra separando los olivares del monte. ¡¡¡Y entonces encontramos el GR7!!!, con su señalización y todo. En esta zona se trata de una veredilla ínfima, que discurre a gran altura, en pleno monte, con variedad de señales, no abundantes y algunas equívocas. Pero siguiéndola logramos volver al barranco del Bermejo y ver claramente dónde nos habíamos equivocado.En resumen. Con esta exploración ha quedado suficientemente clara la ruta desde Priego hasta Rute `por el camino viejo o por el GR. El tramo Priego-Arrimaízo quedó aclarado hace un par de meses ¿no, Agustín?. El de la Pasá de los arrieros hasta Vichira está chupao y el de hoy llega casi hasta el Rute viejo. Los trozos que quedan son de poca importancia.Compañeros: ¿Cuando vamos a Rute andando?. Hemos calculado hoy que incluyendo los debidos descansos, podemos tardar unas 9 horas. ¿Cuando llegue el otoño?

domingo, 2 de mayo de 2010

Artículo sobre los caminos viejos de Miguel Forcada (1)

Por los caminos viejos (1):
“De Priego a Fuente Tójar, por Las Angosturas
y El Cañuelo”.



Nos ocurre a veces a los aficionados a ese deporte modesto que es el senderismo. Iniciamos un recorrido que discurre por parajes conocidos y cercanos; pero, de pronto la historia se nos aparece, exhibiendo sus huellas, exigiendo recuerdos, en el primer recodo del camino. Caminar desde Priego a Fuente Tójar, pasando por El Cañuelo, siempre por los caminos viejos, se convirtió inesperadamente en una aventura por la selva de los siglos; algo que pronto será imposible ya que muchas de esas huellas están a punto de desaparecer…
ooooo

El nuevo trazado de la carretera A333 entre El Cañuelo y Priego, va a transformar nuevamente el entorno paisajístico de nuestra ciudad. Será sobre todo la travesía del paso de Las Angosturas la que provocará un cambio brusco en muchos sentidos.
Lo más sorprendente es que la nueva carretera va a recuperar el camino de herradura que durante siglos (antes de la apertura de la carretera que discurre paralela al Río Salado) fue vía obligada de comunicación para los prieguenses que querían ir a Fuente Tójar, Alcaudete o Baena, pero también a Jaén o Madrid. Las Angosturas era entonces un desfiladero, un cañón, un barranco intransitable por el que se abrían paso las aguas tumultuosas del río entre paredes de roca separadas por menos de 15 metros en algunos tramos.
Este enclave cerraba como un tapón el valle del Salado que bajando desde las estribaciones de la Tiñosa en su ladera sur, discurrían en dirección norte entre las sierras Horconera y Albayate, pasaban por las inmediaciones de la plataforma caliza sobre la que se asienta Priego y creaban una pequeña vega entre las sierras de Leones y de los Judíos para excavar después, como una hoz, una estrecha salida entre ambas: el paso de las Angosturas.
Los habitantes del valle y de las sierras que lo circundan, desde el Paleolítico; y los que desarrollaron su vida junto al manantial de la hoy llamada Fuente de la Salud, trazaron sus caminos de salida hacia otras tierras por ambos lados del desfiladero: por la loma de Azores hacia Castil de Campos y Alcaudete; por la loma del Portillo, en la falda de Sierra Leones, hacia Baena o Jaén. Eran caminos solo aptos para cabalgaduras o pequeños carruajes que se arrastraban lentamente cuando no quedaban varados ante cualquier despeñadero. El camino viejo de Fuente Tójar comenzaba justo en ese lugar en el que, resistiendo varias remodelaciones y otros avatares, se mantiene la llamada “Cruz de la Vega”, una cruz de piedra caliza que según una inscripción que tiene en la peana, se colocó en 1.818 a cargo del Alcalde de las Aguas del Partido[1]. En 1994 fue de nuevo recolocada al finalizar las obras del Polígono Industrial que hoy ocupa aquellos terrenos.
[1] Véase Periódico ADARVE nº. 75, pág. 7 y 80-81 pág. 18, ambos de 1979. Al parecer existe una leyenda según la cual, la cruz fue colocada en memoria de un regante de la zona, fallecido a manos de otro tras una disputa causada por un desacuerdo en el reparto de las aguas.

jueves, 3 de septiembre de 2009

11-06-2009 crónica de Miguel Forcada sobre la subida a Las Buitreras

SIERRA ABUCHITE (LAS BUITRERAS)


Un buen punto de partida para subir a esta sierra es el carril que va de Carcabuey a Luque atravesando la zona Sur-Este del complejo de la Sierra de Cabra. Podemos tomar el carril, que se conserva en un estado aceptable, en el Km. 16,1 de la carretera A-339 dirección Lucena-Priego; atravesamos el llamado Valle del Conde y subimos en dirección Luque; pasamos por una explotación ganadera de toros bravos; al menos 50 pueden verse hoy pastando en las zonas más llanas; el carril corona en el extremo sur-suroeste de Sierra Alcalde y empieza a llanear bordeando la suave pendiente, todavía verde, de Navahermosa. Dejamos a la derecha el cortijo que toma el nombre de La Nava, hasta hace poco propiedad de la familia Rubio-Chávarri Alcalá-Zamora y 300 m. más adelante podemos aparcar los coches al borde de la carretera, pues en esta zona ya han desaparecido las vallas que impiden el acceso a la sierra que se despliega a la izquierda del carril.
Comenzamos a caminar pasadas las 8,30 de la mañana. Mayo ha dejado la sierra en plena floración; algunas plantas, como las peonías, ya han pasado sus días de esplendor; otras, como el gordolobo de aterciopeladas hojas, abundantísimo aquí, están en su mejor momento. Cuando estamos en la mitad del primer tramo de subida, nos llevamos la gran sorpresa del día: quizá a menos de doscientos metros de nosotros, aparece volando en dirección norte-sur, un búho real. Por su tamaño y por su forma de volar, no puede ser más que un búho real: el plumaje pardo y gris; sus formas redondeadas, como de algodón, el movimiento lento y cadencioso de sus alas; pasa ante nosotros como si flotara en el espacio sobre el aire tibio y denso de la mañana… Fue como una aparición a destiempo pues era ya pleno día y el sol se había elevado sobre el horizonte hacía más de una hora; el azul del cielo era intenso, profundo y vibrante. ¡Sin duda nuestro señor búho se había entretenido en su caza nocturna acechando una última pieza, hasta verse sorprendido por las prisas de la mañana!.
Solo unos minutos más tarde, un nuevo encuentro infrecuente. Aparece una rapaz diurna, tal vez un halcón, seguramente un águila perdicera, surcando el aire en la misma dirección que el búho real. Después de estos dos encuentros, el día ya había valido la pena, pero nuestro objetivo hoy eran los buitres. Seguimos caminando entre verdaderos bosques de gordolobos cuyo tallo central alcanza casi un metro de altura. El punto más alto de Abuchite nos queda a la derecha, en dirección norte, pero nos interesa girar en dirección sur para alcanzar la cima del tajo de las buitreras y una valla bien construida nos impide el paso; la bordeamos un buen trecho y cuando vemos que no nos queda más remedio que saltarla encontramos un cartel que dice “Ganadería de toros bravos. Prohibido el paso”. Inmediatamente saltamos la valla intentando pasarla bajo el arco del triunfo sin ningún desgarro genital. Caminamos en dirección al cerro de las buitreras y al poco escuchamos nítidamente el sonido de una esquila, un cencerro, una alarma cornuda. Miramos con atención entre las encinas, en el roquedal desarbolado típico de esta sierra, pero no vemos ningún bóvido inquietante. Continuamos.
A las 9 de la mañana llegamos al borde del tajo, aliviamos nuestras espaldas de las mochilas y nos tumbamos sobre la roca asomando solamente la cabeza sobre el tajo; ante nuestros ojos, un desnivel, un pozo de al menos doscientos metros en caída libre; sensación de mareo, de vértigo; hablamos, tal vez chillamos…sensaciones; a los pocos segundos brota de la vertical un buitre batiendo sus alas enormes desplegadas; dos, tres buitres sobre el inmenso vacío; les estamos viendo la espalda, estamos más altos que ellos; sensaciones...
Vuelan en dirección a la sierra de la Cabrera, donde se ha instalado un comedero y se nos pierden de vista muy pronto mimetizados sobre el mar de olivos y la tierra para. Es raro que solo hayan salido tres; posiblemente otros han sido más madrugadores y solo hemos estimulado a los más perezosos.
Los buitres leonados han proliferado en la Subbética en los últimos años, como los jabalíes; ni unos ni otros nos resultan simpáticos. El concepto que tenemos de un buitre y de un águila es muy diferente, pero ¿cuál es la diferencia?; en mi opinión, la diferencia entre esos conceptos es de naturaleza psicológica; el concepto “buitre” se compone de rasgos semánticos como estos: “carroñero”, “violento”, “depredador”, “sangriento”, “sucio”, incluso “asqueroso”, “ladrón”… Las águilas sin embargo están asociadas a rasgos semánticos como “cazadora”, “real”, “imperial”, “elegante”, “veloz”, “justiciera”… Vemos que en nuestro mundo actual siempre se impone la violencia sucia sobre la fuerza elegante; el carroñeo fácil pero seguro, es más valorado que el duro esfuerzo preñado de riesgo: los buitres tienen el estómago lleno, prosperan y se multiplican; las águilas pelean por la supervivencia o simplemente se extinguen…
Pero hay que continuar la marcha; la sierra Abuchite tiene en el suroeste su vertiente abrupta en forma semicircular. Pero entre los tajos siempre hay pasos amables de suaves pendientes pobladas de frondosos quejigos que en esta época lucen un verde luminoso resaltado este año por las abundantes lluvias de primavera que lo han convertido todo en un mullido tapiz de yerba y musgo. Recorremos bajando la vertiente suroeste suspendida sobre el valle del Conde hasta llegar a las ruinas del cortijo del Grajal. Mientras reponemos fuerzas aprovecho para bajar a la fuente situada justo donde se reúnen las aguas de lluvia; el estanque de piedra está casi lleno pero del caño, también de piedra, ya no cae agua porque ha sido desviada unos metros más arriba con un grueso tubo de goma rumbo al olivar. Cuando vuelvo hacia el cortijo veo saltar, durante unos segundos, un ratoncillo entre las hierbas; me ilusiona que haya sido un “musgaño de Cabrera” pero consultas posteriores me obligan a admitir que era un simple ratón de campo; sí, sí; no un “neomyis anomalus”, demasiado acuático para vivir aquí, sino un vulgar “apodemus sylvaticus”, bien adaptado a estos duros terrenos. En el fondo, me tranquiliza pensar que me parezco más al vulgar ratón de campo que al exquisito y delicado musgaño.
Desde el cortijo del Grajal, que debió ser hace medio siglo un potente centro ganadero, deambulamos hasta la conocida “fuente del Espino”; de allí, por la llamada “Vereda Macharniega” (nombre sugerente y extraño por cierto), nos dirigimos a la “explotación ganadera Hoyo de la Osa”, hoy en plena producción y desde allí al carril que va de Carcabuey a Luque donde dejamos los coches esta mañana.
Ha sido un día muy normal; es decir, un día de fuertes sensaciones.
Comienza a apretar el sol.
Miguel Forcada Serrano


Hicimos esta ruta en Junio de 2009: Paqui Campos, Agustín Espinosa, Rogelio, Paco Sánchez y Miguel Forcada

miércoles, 3 de junio de 2009

30-05-2009 crónica sobre la subida a la Tiñosa de Miguel Forcada

A LA TIÑOSA EN MAYO

En nuestra subida de hoy a la Tiñosa, la naturaleza se nos ha mostrado en todo su esplendor. Mayo y día 30; hay pocas fechas mejores. La Horconera es una joya sobre la que se podrían escribir libros. Hoy hemos tenido varios momentos verdaderamente inolvidables: un cernícalo en la misma cumbre que se ha dejado ver pacientemente; un nido en el hueco de un matorral a la orilla misma del camino; o esa explosión de los retamares vistiendo del más puro amarillo toda la sierra…
El recorrido a pié comenzó en el carril de las Chozas, en su cruce con el de Navasequilla. Íbamos quince[1] (entre ellos, dos neófitos en Tiñosa y un converso) y nos dirigimos al valle de la Umbría; cerca ya del cortijo, contemplamos la cara norte de la Tiñosa en toda su dimensión colosal flanqueada de tajos y el valle que desciendo poblado de encinares y repleto hoy de manchas de vivos colores; la buena temporada de lluvias nos ha dado una primavera vibrante, bellísima. Subimos por el carril hasta la fuente y continuamos hasta cruzar el arroyo, todavía con agua, para llegar al antiguo cortijo de la Umbría, ahora en ruinas, en plena sierra ya, en torno a los mil metros de altura. Entramos en un bosque de encinas, que están en plena floración con sus racimos colgantes y amarillentos. No se encuentra en esta zona de la Horconera la rosa maldita o rosa de lobo, también llamada “perruna” o peonía, que en otras zonas ha sido esta primavera muy visible y abundante; pero estamos viendo ya la jara o estepa blanca, en plena floración, y la clavellina silvestre; hemos dejado el encinar y ascendemos por el margen izquierdo del barranco que sube por el centro del valle; los más jóvenes del grupo, o los más fuertes, nos sacan ya mucha distancia y al poco les vemos intentando una nueva variante en el “paso de la culebra”, variante que no encuentran porque vuelven a la vía conocida; fuera de ella no hay más que tajos y barrancos inaccesibles.
Esquivando los canchales y con la ayuda no solo de nuestros bastones, sino agarrándonos en los mayores desniveles al sufrido y fibroso esparto, tan abundante aquí, llegamos poco a poco a la base de los tajos y entramos por la izquierda en el “paso de la culebra”, donde nos esperan, inmutables, varios ejemplares del sorprendente “mostajo” con sus incipientes frutos. Empezamos a escalar el paso, prácticamente gateando por la roca y sacamos algunas fotos que demuestran el tremendo desnivel; son menos de cien metros y estamos ya en la zona de cumbres donde hacemos un descanso contemplando a través de los tajos de Tiñosa, la vertiente este de Alhucemas y por encima los picachos del Bermejo; el paisaje aquí es imponente y un poco más arriba, al alcanzar el filo de la vertiente sur, el espacio se amplía hasta el infinito abarcando las sierras de Málaga, del sur de Jaén y la Sierra Nevada granadina cuya blancura hoy solo adivinamos pues el horizonte se pierde entre la bruma.
Bordeamos la línea de tajos por la ladera sur, entre los 1300 metros y la cumbre. Es aquí la abundancia del piorno fino a aulaga, con sus flores amarillas rodeadas de agudas espinas; pero también hemos visto hoy el piorno azul, menos frecuente, o el tomillo oloroso y otras mil plantas y arbustos cuyo nombre desconocemos. Las lagartijas escapan entre los matorrales y las mariquitas de siete puntos, con su capa roja brillante se muestran a nuestra vista como ocurre siempre que subimos a esta cumbre, por más que nos resulte extraño encontrar aquí un coleóptero aparentemente tan frágil.
Nada más hacer cumbre, al llegar al vértice geodésico, observamos un cernícalo posado sobre una roca a no más de 30 metros de nosotros; nos da tiempo a observarlo, incluso con prismáticos, durante varios minutos y no arranca el vuelo hasta que alguien de nuestro grupo se le acerca a una distancia de menos de veinte metros. También nos sorprende la abundancia de mariposas y otros insectos que hoy revolotean en estas alturas; está claro que la primavera también ha sido estupenda para los insectos.
En la cumbre de Tiñosa, junto a la bandera de Andalucía, algo deteriorada, que permanece allí anclada desde hace ya muchos años, hacemos las fotos de rigor, comemos algo y escribimos en los cuadernos que con los años se han convertido en un caótico archivo de esta cumbre. Los dos neófitos (Agustín y Marcarmen) dan cuenta de su “primera vez”, pero el párrafo escrito por nuestro entrañable amigo Rafa Pimentel (que nos une y nos dirige, pero que tantas veces se había negado, hasta hoy, a acompañarnos a la Tiñosa), explica sus razones y nos da la sorpresa: dice que hoy es el día de su cumpleaños, 38; y que con esta subida logra superar un trauma de su adolescencia, una subida con el Instituto, en la que sufrió más de lo soportable. Todos le felicitamos y le cantamos “Cumpleaños Feliz”.
Iniciamos la bajada en dirección al Morrión y hacemos parada en la plataforma que en el plano de “Google Earth” hemos llamado “Mirador de Lagunillas”; aunque no se ve la aldea, sí se abarcan sus tierras, desde Cañá Tienda y Cortijo Alto hasta la Sierra de Rute y al fondo el Pantano de Iznájar y las tierras de Málaga. En esta zona llaman nuestra atención unos pocos, pero magníficos ejemplares de matagallo y de esa planta de sofisticada arquitectura llamada “Angélica”, en cuyas puntas floridas siempre hay algún insecto.
Subimos a la cueva pues algunos de nuestros senderistas de hoy han visto la foto desde su interior en todas las guías de naturaleza de la comarca y tienen mucha curiosidad en ver el lugar. Alguien pregunta: ¿vivieron aquí los del Neolítico?. Pues tal vez no necesitaron llegar a estas alturas. El descenso desde el Morrión de la Cueva se hace casi por sendero pues este es el camino de bajada más frecuente y también de subida para los no conocedores de esta sierra que vienen desde todas partes; pero ya a la vista del Puerto Mahina, hay que encontrar un paso entre el roquerío pues un despiste puede complicar enormemente la bajada. Escuchamos el graznido de las grajillas o tal vez de la “chova piquirroja” y vemos sus siluetas negras revoloteando cerca de los tajos donde tendrán instalados sus nidos.
Desde el puerto, estamos viendo en la falda de Alhucemas las ruinas de antiguo cortijo de las Chozas de Toledo; por el lugar en que se encuentran, y por las huellas que hay en su entorno, estas ruinas son una lección sobrecogedora sobre las formas de vida en el pasado de nuestra comarca. Un excelente conocedor de la misma, Baldomero Moreno Arroyo, ha escrito refiriéndose especialmente a estas ruinas: “… un extraño sentimiento nos invade al observar los restos de casas y cortijos que tiempo atrás constituyeron los hogares de familias campesinas. E inmersos en nuestro mundo actual y con los modernos medios de comunicación, nos preguntamos ¿cómo es posible que en estos lugares y a esta altura sobreviviera alguien?, ¿de qué vivían?. Y es que realmente se encontraban a poca distancia del modo de vida de los hombres y mujeres del Neolítico.”[2]
Cuenta después Baldomero Moreno que los habitantes de estas auténticas “Chozas de Toledo” tuvieron primero que cortar el encinar que ocupaba la falda de la sierra, despedregar después manualmente, acumulando las piedras en los llamados “majanos”; al final de este proceso pudieron labrar la escasa tierra existente sobre la roca, sembrar y recolectar el cereal para moler el grano y cocer el pan; la caza debió ser elemento fundamental del sustento diario y seguramente existió un pequeño rebaño de ovejas o cabras; el arroyo que comienza en el puerto les permitiría abastecerse de agua y cultivar un minúsculo huerto en el pequeño valle ocupado ahora por una densa junquera de la que sobresalen restos de algún árbol frutal y destaca hoy un enorme álamo.
Miguel Montes, que vive actualmente en La Peñuela, a unos dos kilómetros de aquí arroyo abajo donde cuida un rebaño de cabras, nos aseguró hace poco que cuando él llegó a este lugar hará unos setena años, con menos de diez de edad, todavía vivía una familia en estas “Chozas de Toledo” en pleno Puerto Mahina, a más de mil metros de altura.
La contemplación de esta huella de la evolución humana, que tiende un puente directo entre el Neolítico y nuestros días, nos ha permitido reagruparnos de nuevo. Iniciamos el último tramo de bajada atravesando ese mínimo valle que antes debió ser huerto y por cuyo centro corre un hilo de agua que da origen al arroyo de Navasequilla. Entre las junqueras, en el centro de un arbusto espinoso, encontramos un nido con seis huevos, tal vez de una bisbita que al huir asustada, nos señaló el lugar secreto de sus amores; poco después nos adentramos en un denso retamar en plena floración que cubre de amarillos toda la franja de la sierra colindante ya con el olivar.
En las cercanías del cortijo nuevo de las Chozas, en torno al arroyo se forma un frondoso bosque de ribera, que mantiene un verdor fresco y húmedo cuando ya empieza a apretar el sol (penúltimo día de Mayo) avisando de los rigores del próximo verano. En este lugar, el canto tímido e inquieto de numerosas especies de aves y el recuerdo de ese nido que acabamos de ver, nos hace palpar la existencia de un mundo que ya casi nos resulta desconocido: el mundo de las aves y especialmente el de los pájaros; sabemos que abundan en las estribaciones de Tiñosa la tarabilla, la curruca y el chochín; puede que a las zonas más húmedas, aquí ya junto a la fuente del cortijo, llegue incluso el romántico y esquivo ruiseñor.
Es cierto que no hemos visto al caracol marmóreo, ni el guillomo de dulces frutos, ni el clavel de montaña, ni al águila real, que alguna hay en la Horconera; ni a la collalba rubia con su elegante traje blanco y negro que yo solo he visto una vez en mi vida; ni tampoco (por suerte) la víbora hocicuda, que también las hay. Son las joyas más raras, de entre las muchas que viven en las abruptas laderas de la Tiñosa.
Pero con lo que hemos visto, volvemos con el sentimiento de que hoy, la naturaleza se nos ha mostrado esplendorosa en cada rincón de la sierra. En días así, siempre me acuerdo de mi tío abuelo José, que murió solo siete años después de que yo naciera; aunque no vivió en el campo, amaba intensamente la naturaleza y especialmente los paisajes de Priego. Él fue la primera persona que me hizo mirar la tierra con admiración; la que él sentía la expresó en numerosos poemas dedicados a los campos, a las sierras y a las gentes de Priego, que todavía me emocionan. En su recuerdo quiero terminar esta crónica con un fragmento de uno de estos poemas.

“Se asienta Priego al pié de una montaña
Cuyo nombre Tiñosa siempre ha sido.
Grandiosas moles de la antigua España
Brotan de sí como de blanco nido.
….
Floridas sierras donde el alba asoma,
Y agrestes picos donde el sol se muere
La vega al norte con su hermosa loma
Y al sur la mole que las nubes hiere;
y dando a todo vida y rico aroma,
regatos mil que observará el que fuere,
manantiales y fuentes cristalinas
y ríos de abundantísimas salinas.”[3]
………..

Miguel Forcada Serrano
Mayo 2009.


[1] Gertru Pulido, Mary Carmen Yévenes, Paqui Campos, Rafa Pimentel, Rafael y Juan José Osuna, Agustín Espinosa, Antonio Montes, Vicente Gallego y su hijo Mario, José Antonio Arjona, Javier Campillo y este escribidor.
[2] Varios Autores.- “Priego de Córdoba. Guía Multidisciplinar de la ciudad y su territorio”. Ed. Ayuntamiento de Priego, Diputación de Córdoba y Cajasur. Córdoba, 1997. Pág. 60.
[3] Fragmento del poema titulado “Priego de Córdoba”, página 264-269 de su libro “Hacia Dios” editado en 1960

viernes, 1 de mayo de 2009

01-05-2009 minicrónica ruta La Poyata-El Salado.

Esta mañana, anulada la salida a la Tiñosa por los problemillas médicos de Miguel Forcada, planteé un itinerario por el diseminado de La Poyata. Al principio mi intención era hacer un carril en bastante buen estado y volver, pero, llegados al final del mismo encontramos una espectacular garganta atravesada por una vereda. No lo pude resistir y empezamos un duro ascenso con una pendiente final agotadora.

Una vez en el lugar llamado Cruz de los Panaderos en el que no hay ninguna cruz (sería una buena idea sufragar entre todos una cruz aluminio para colocarla allí) tomamos el bocata ofreciéndonos Maricarmen unos deliciosos dátiles y Rogelio habas frescas, ¿se puede pedir más?

Cuando ya volvíamos por el mismo camino caí en la cuenta de que el descenso sería más interesante por el Cortijo la Era y Peñas Doblas para salir al Salado. Tres conductores habían de sacrificarse y volver por el lugar de subida; lo hicieron Agustín, Leonor y Paco ¡gracias amigos! recogiéndonos puntualmente junto a la antigua escuela del Salado después de un recorrido por la Sierra de Albayate que está exultante, ofreciendo enormes gozos para los sentidos.

Mi idea es programar una salida corta para el domingo 10 de mayo. Ya os informaré.

jueves, 26 de febrero de 2009

22-02-2008 crónica de Miguel Forcada ruta El Valle-Navazuelo

DEL CORTIJO DEL VALLE DEL CONDE HASTA EL NAVAZUELO
22-2-2009.

Nos reunimos 13 personas para hacer este recorrido [1]. Se presenta un día luminoso y sin nubes. Rafael calcula que el recorrido es de unos 10 kilómetros y que, como no tenemos prisa, tardaremos más de 4 horas. Reunión general en el restaurante “La Zamora”, pues nos acompañará hoy Ángel Osuna, de Carcabuey, con sus hijos Rafael y Juan José. Ángel, que tiene 79 años, pasó desde el año de su nacimiento hasta 1970 aproximadamente (con periodos muy breves de ausencia), en el Cortijo del Valle del Conde, dedicado sobre todo a cuidar la enorme explotación ganadera que entonces tenía el cortijo.
Entramos por el carril que sale en el Km. 17, 9 de la carretera A-339 en la dirección Priego-Cabra (o km. 16,1 en la dirección Cabra-Priego) y que indica dirección “Luque”. Recorremos 4,450 Km. por este carril y unos 300 metros antes de llegar al Cortijo del Valle, dejamos los coches. Sale un carril a la izquierda en dirección a la sierra, que está cerrado por una barrera con candado 200 metros más arriba. Frente a nosotros en la dirección de la marcha por este carril, tenemos como telón de fondo el enorme tajo que corta, mirando al suroeste, la mole del Abuchite; una vertical que superará los 150 metros de caída y en cuya parte más alta anida la mayor colonia de buitres de la provincia de Córdoba; se ven, sobre las rocas, las manchas blancas de sus deyecciones.
El carril tuerce hacia la izquierda y comienza la subida. Se va abriendo un barranco a nuestra izquierda y Ángel Osuna empieza a desgranar datos y episodios de su larga memoria. A este barranco le llamaban “el Surreón” porque bajaba por él mucha agua en cuanto llovía, formándose hasta un salto de agua un poco más arriba; el camino llega a un altozano y al lado mismo se ve salir el agua bajo un olivo; hace años había una teja y se podía beber como en una fuente; todas las aguas de las sierras que nos rodean van a parar al arroyo que se forma en lo hondo del valle, pero sobre todo, dan origen a la Fuente de Bernabé que brota cerca del cortijo del mismo nombre, de muy larga historia. Carcabuey se abastece actualmente de esta fuente.
Desde este altozano se ven muy bien las tierras del cortijo. Recuerda Ángel que en las décadas centrales del siglo XX vivían allí permanentemente cuatro o cinco familias y en las épocas de más trabajo se reunían por lo menos cuarenta personas; había cinco yuntas de bueyes y seis de mulos; desde más arriba de las casas, los dos lados del arroyo estaban ocupados por una densa alameda y en la zona baja, había una huerta que abastecía de hortalizas y frutas a buena parte de la comarca pues la tierra es excelente y el agua estaba asegurada todo el año; después había una franja de olivar y el resto era todo monte; en las zonas llanas, se sembraba trigo y otros cereales, pero también berza o garbanzos. La ganadería era la mayor fuente de riqueza del cortijo; había piaras de cabras, ovejas, cerdos y por supuesto, un buen gallinero; según cuenta Ángel, todos los años venían dos “capaores” de Priego: Julio y Pepe Forcada.[2] Volvemos de nuevo al camino. En la falda del Abuchite se ven las ruinas del cortijo del Grajal y en dirección Norte, entre Abuchite y el cerro del Charcón, cruza las sierras una cañada (perfilada por los tajos de “los Filos”), que en tiempos fue Camino Real y por la que se sale a la Fuente del Espino, situada en un cruce de caminos que van a Luque, a Zuheros o a la Nava de Cabra. Caminamos llaneando en dirección Oeste y pronto encontramos una alambrada que marca el límite entre los cortijos del Valle y del Monte de los Leones; dos enormes encinas parecen marcar el límite; estamos a 860 metros de altitud. Un poco más adelante encontramos una especie de abrigo o aprisco, al que nuestro guía da el nombre de “Cueva de los Gitanos”; cien metros más arriba una cantera abandonada de la que debió sacarse grava para el carril, ancho y bien formado. Ángel Osuna señala en el viso la “Cueva del Tejeor” y recortándose contra el cielo, los tajos del Águila y de la Hiedra.
En una amplia “llaná” avistamos el cortijo del Monte de los Leones, de cuyo nombre nadie encuentra explicación. Debe ser este, supongo, el que en los mapas aparece como “cortijo de don Manuel”, nombre propio que nuestro guía no recuerda haber oído nunca; así se hacen los mapas, como la historia. Aunque todavía estamos en pleno invierno, reconocemos a los lados del camino abundancia de cornicabras de rojizas ramas, lentiscos, matagallos… sólo los almendros están ya plenamente floridos.
Un rebaño de cabras, en las cercanías del cortijo, da cuenta de una carga de brotes de olivos recién talados. Seguimos el carril y unos minutos después estamos en el Charcón. Se trata de una afluencia de agua, entre pozo y manantial según Ángel, que forma una charca redonda de unos 80 metros cuadrados, en cuya cabecera ha crecido un inmenso quejigo que en verano le da sombra convirtiendo el lugar en un oasis de frescura. De este manantial se abastecían en tiempos las cinco familias que vivían en el Monte de los Leones. Llaneamos a casi mil metros de altitud; a nuestra izquierda se mantiene el barranco que reúne las aguas y que a veces se abre en llanetes como la llamada “Hoya Reonda”, una extensión de al menos dos fanegas de tierra que en los tiempos de Ángel Osuna se sembraba de legumbres o cereales. Tras una breve bajada, el camino asciende brúscamente por “los Pechos” hasta llegar a la llaná de “Los Pozuelos”. Son tres casas, dos de ellas en plena ruina y otra todavía en pié, aunque abandonada. Un gran rebaño de ovejas pasta en la zona pues las lluvias recientes han convertido en una alfombra de fresca hierba estas llanuras. Cruzamos entre las casas abandonando por un momento el camino, para llegar al pozo que guarda el agua para los tiempos peores; ahora cubre hasta unos tres metros del brocal.
Descanso. Llevamos casi dos horas de caminata. Bocadillo.
A las 11,10 reiniciamos la ruta, ahora en dirección norte. La mole redonda del Lobatejo está siempre presente a nuestra izquierda. Entramos, según los mapas en terrenos del término municipal de Zuheros, dejando atrás los de Luque. Y entramos en los tramos más bellos del recorrido: la cañada de Navahermosa y el collado del Navazuelo. El carril se convierte en un sendero invisible que discurre por lo que hace unos días seguramente fue un arroyo con lecho de piedras o de tierra; la cañada se hace más estrecha y umbría, pero la subida es suave; en la ladera izquierda, el Lobatejo está cubierto de un tupido bosque de chaparros; en la derecha el matorral típico del bosque mediterráneo, salpicado de aulagas de amarillas flores; más arriba se divisan las crestas rocosas del Portillo de Moreno y de la Peña de Miguel Pérez, denominaciones del mapa que Ángel no reconoce como nombres populares. La cañada asciende bordeando ahora el sendero una cinta de tejido plástico, tensada entres postes de hierro que parece se está instalando en estos mismo días. Ángel se para, ojea una mata cuyas yemas están empezando a brotar, la examina entre sus dedos y concluye que… ¡es una madreselva silvestre!. Abundan en esta zona los quejigos que ahora tienen sus ramas desnudas y cubiertas por una maraña de líquenes verdosos; en el suelo, sobre la gruesa capa de hojas secas, observamos algunas setas de un color intenso anaranjado. Dentro de unas semanas, cuando estalle la primavera, esta cañada será de una belleza indescriptible.
Tardamos media hora en atravesarla. Estamos ya a 1.170 metros de altitud y la cañada se abre en una plataforma cada vez más extensa y desarbolada. Un hilo de agua corre por el centro formando un pequeño arroyo que aparece y desaparece. Hay un comedero de animales y a la izquierda, un pozo que parece de reciente construcción. El Lobatejo se perfila sobre el horizonte mostrando por esta vertiente una subida larga, plomiza y pelada, pero de suave pendiente. Llama poderosamente la atención la abundancia de quejigos de tamaño colosal, casi formando hileras a lo largo de nuestra ruta; hacemos fotos ante uno de ellos de impresionante tronco. Al llegar a la parte más alta de esta plataforma casi llana (1.190 metros de altitud según nos dice Rafael) empezamos a divisar extensos paisajes como desde un balcón: al frente el picacho de la Virgen de Cabra, hacia el Este, la Nava y hacia el Oeste, sucesivamente, Lucena al fondo, más cerca la Sierra de la Cabrera en cuya falda está el centro de interpretación de Santa Rita; a lo lejos, la Sierra de Rute y al fin la Horconera cerrando el horizonte por el sur.
Tenemos muy cerca el cortijo del Navazuelo, nuestro final de trayecto, pero a una cota más baja en unos cien metros aproximadamente. Elegimos bajar dando un rodeo torciendo en dirección noroeste, siguiendo el carril, ahora muy visible y pedregoso. Baja serpenteando y cubierto por un denso bosque de encinas y matorral (entre el que se empieza a ver el romero) hasta enlazar con el carril que va desde el Navazuelo hasta el antiguo cortijo de la Ratera y a la Nava que desagua por las Chorreras.
En diez minutos más estamos en el Navazuelo, donde volvemos a admirar la fuente-abrevadero que fue construida en el siglo XVI, lo que nos habla de la antiquísima humanización de estas tierras. El Navazuelo es un lugar maravilloso que esconde insospechadas riquezas etnológicas y que pide una visita más detallada: será cuando subamos a la cumbre del Lobatejo.[3]

Miguel Forcada Serrano.







[1] Mary Carmen Yévenes, Gertru Pulido, Leo Aguilera, Menchu, Angel Osuna, Rafael Osuna, Juan José Osuna, Rafael Pimentel, Rogelio, Agustín Espinosa, Manolo Rico, Alonso Arroyo y este escribidor.
[2] Los hermanos Rafael y Juan José Osuna, completaron al alimón el relato de su padre de manera magistral. El cortijo del Valle del Conde pertenecía a una señora llamada Aurora Camacho que creó la “Fundación Camacho Lozano”, bien conocida en Carcabuey. La Fundación financiaría, con las rentas del cortijo, una residencia de ancianos y un colegio. Pero, tras la intervención de un sacerdote de Carcabuey. El cortijo fue entregado al Obispado de Córdoba, con lo que la Fundación quedó desamparada y desapareció. El obispado, poco después de asumir la propiedad del cortijo, lo vendió la familia López Crespo, de Córdoba, por 13 millones de pesetas. Tres años después (hacia 1973) los López Crespo lo vendieron por 60 millones a Carlos Ruíz Aguilera, de Priego, lo que demostraba el enorme error cometido por el Obispado. Se produjo entonces la roturación de las laderas de la sierra (un verdadero atentado ecológico) aumentando en más de 200 fanegas la plantación de olivar en detrimento de encinares de gran valor ecológico y ganadero; desapareció también la alameda y la huerta; la ganadería se redujo prácticamente a la nada; las cinco familias que habitaban en el cortijo abandonaron aquel lugar. En resumen; había llegado la modernidad: el monocultivo del olivar, el abandono de la ganadería. Eso sí, actualmente los dueños del cortijo están pidiendo por él una cantidad cercana a los 6 millones de Euros…


[3] Inolvidable Ángel Osuna en esta jornada senderista. Todos los que le acompañamos queremos expresarle nuestra admiración y nuestro agradecimiento… ¿verdad, compañeros?.

viernes, 23 de enero de 2009

Crónica de Miguel Forcada sobre la subida al Jardín del Moro

SUBIDA AL “JARDÍN DEL MORO”
18-1-2009.

Tras la nevada caída el sábado anterior, que nos obligó a suspender esta excursión, nos reunimos a las 8,00 y salimos en coche en dirección a Rute por el carril de Jaula. Dejamos el coche en la entrada del cortijo del Torcal y emprendemos la marcha a pié por el carril que sale al otro lado de la carretera atravesando el olivar en dirección a los tajos del Bermejo. Hoy somos cuatro: Agustín, Gertru, Alonso y este cronista.
Comprobamos el error sufrido en Octubre, en aquella durísima subida, perdidos a causa de la niebla: en vez de dirigirnos hacia la derecha, llegamos a los tajos en línea recta y penetramos por un barranco casi imposible con una difícil salida a la vertiente suroeste del Bermejo. Fue una subida épica, pero firmamos en el libro de la segunda cima cordobesa. Hoy vamos a entrar por donde debimos haberlo hecho aquel día: por la garganta que se abre justo encima del cortijo del Soto nuevo y que da origen al arroyo de las Cañas. Pero hoy nuestro objetivo es el mítico “Jardín del Moro”.
Cruzamos el “camino viejo de Priego a Rute” y seguimos ascendiendo en diagonal hacia la derecha para ir ganando altura y evitar entrar en el barranco desde abajo. Este tramo se hace dificultoso por estar ocupado por matorral muy tupido y por el desnivel, cada vez mayor. Avistamos ya la entrada de la garganta que aparece como un amplio desfiladero que se estrecha cada vez más, y entramos en ella casi al pié de los tajos que, a los dos lados, presentan formaciones espectaculares, como si la roca hubiera sido cortada a cuchillo, en capas verticales, de arriba abajo.
La subida es todavía suave, casi agradable; vamos sorteando el canchal que ocupa el cauce del barranco, primero por la derecha, después por la izquierda siguiendo las zonas cubiertas por la hierba. Al superar la primera curva divisamos a la izquierda la empinada falda del Bermejo, frente a nosotros la cuerda geológica que une el Bermejo con esta otra mole, coronada de agudas crestas, en la que se encuentra el Jardín del Moro. Todas las cumbres están, hoy también, ocultas tras una densa niebla… Comenzamos la ascensión en dirección oeste, hacia la derecha, hasta alcanzar el borde de la cuerda que, como un inmenso balcón, nos asoma a un nuevo barranco, casi un valle en forma de “y” griega: en su vértice, una mancha oscura nos descubre el lugar en el que brota la fuente del Espino, situada a 1.200 metros, la más alta de la provincia de Córdoba; en ese punto se unen los dos brazos de la “y”; el uno baja del Puerto del Cerezo y el otro del Puerto de la Higuera. La niebla se hace transparente por momentos y nos deja ver blancas vetas de nieve que todavía resisten en las tierras más altas y umbrías. Extrañas formaciones de piedra viva erguidas entre la bruma aquí y allá, completan un paisaje fantasmagórico…
Caminamos en dirección suroeste, con desniveles nuevamente peligrosos; las huellas del paso de los rebaños, que dejan sobre la piedra una estela rojiza, nos ayudan a encontrar, entre inmensos roquedales, la buena dirección hacia el Jardín del Moro. Llevamos casi dos horas de marcha cuando avistamos el aljibe, en lo más alto del último tajo. Quince minutos después, estamos frente a la muralla y penetramos inmediatamente en el recinto.
Tremenda ironía llamar a esto Jardín… Porque no es un espacio amable o preparado para el descanso del guerrero sino un terraplén de roca rodeado de tajos excepto por el lugar que cubre la muralla; no habrá en total más de media hectárea de terreno; gracias a que las lluvias han sido generosas en este otoño, las zonas no ocupadas por la roca están cuberitas de verde hierba; en verano en cambio todo es pardo y reseco. Subimos hasta el aljibe, situado en lo más alto, al borde mismo del tajo que da al interior, de cara a la cumbre del Bermejo. Da miedo asomarse… Alguien comenta que todo aquello se construyó en el siglo IX y el silencio se apodera de nosotros: ¡el siglo IX!...
Construido posiblemente durante la rebelión de Homar Ben Hafsun contra el emirato de Córdoba; castillo roquero para el control de los pasos norte-sur en las tierras, entonces habitadas por osos y jabalíes, de Said Ben Mastana. ¡Imposible ni siquiera imaginar cómo vivía aquella gente!. ¡Sangre, sudor y lágrimas!...
¡Silencio!. De pronto nos damos cuenta de que media docena de buitres nos sobrevuelan. Sus siluetas se recortan sobre el cielo, negras, impresionantes, cada vez más cerca de nuestras cabezas. Después desaparecen de pronto.
Mientras comemos un bocadillo para reponer fuerzas y empezamos a pensar por donde vamos a bajar de allí, se oye un cencerro e inmediatamente vemos aparecer una hilera de ovejas, saliendo a toda prisa por la parte baja de las murallas del jardín. Se dirigen a toda prisa hacia la zona alta, por donde nosotros hemos llegado. En tres minutos han pasado por lo menos cuarenta; ningún pastor las dirige ni las acompaña; suben ahora y bajarán por la tarde con las ubres cargadas de leche. ¿Quién da más por menos?.
Comenzamos la bajada hacia el interior del barranco; primero una zona de placas de roca, peligrosas porque están mojadas; después una zona de matorral en el que aparecen matas de romero hasta ahora no vistas en este recorrido. Divisamos la oquedad en la que hace años hubo un nido de águilas; está en mitad del tajo, justo debajo del aljibe; se ve todavía una carga de ramas sobre las que se situaba el nido ahora abandonado. ¿Queda alguna pareja de águilas en la Horconera?. Afortunadamente creemos que sí; hemos podido comprobarlo recientemente… Pero ¡cuanta añoranza por ese nido abandonado!.
Entramos ya en el final del barranco que entre dos tajos perfectamente verticales, se desploma en una verdadera cascada; hay que elegir bien el recorrido para no verse obligado a descender por laderas impracticables de roca viva. Tenemos delante las tierras de la “Gesa Vichira” o Dehesa de Vichira; hay un camino a la derecha que nos lleva a la cantera, también abandonada (en este caso afortunadamente). Quedan bloques de piedra con las marcas de los barrenos perfectamente visibles. ¿Qué hubiera sido de este paisaje increíble, si esta cantera hubiese resultado rentable?.
Caminamos en dirección al cortijo viejo de Vichira, pero antes de llegar a él nos queda una última sorpresa: los corralones y sobre todo las parideras de este cortijo; sabemos que este puede ser uno de los lugares más antiguos ¿desde el siglo IX? en el que siempre hubo una gran explotación ganadera; ahora ya no hay cerdos, sino cabras y ovejas pues la dehesa ha desaparecido, transformada en un riquísimo olivar. Pero estas parideras tienen un aspecto antiquísimo; habrá muy pocos casos en Andalucía, tal vez en toda España, de construcción ganadera tan antigua como esta; estas parideras deberían ser protegidas como muestra señera del patrimonio etnológico…
Tardamos media hora más en llegar al punto de partida atravesando el olivar y la zona de pastos donde se encuentra Vichira nueva, centro de la explotación ganadera actual. Parada en la fuente del Soto, siempre rebosante de agua pues recoge las del barranco por donde hemos ascendido esta mañana. Y desde allí a la entrada del cortijo del Torcal.
Han sido cinco horas y media de caminata. Hoy nos dará tiempo a tomarnos una cerveza antes de regresar a casa!!.
Miguel Forcada.
P.D. Durante la cerveza nos comprometimos a visitar a Rafael Carmona para que nos explicara los misterios del Jardín de Moro. Todos nuestros interrogantes quedaron resueltos. Y además, ahora sabemos que aquel recinto fortificado es el Castillo de Tiñosa; este era el nombre con el que aparece en los escritos de la edad media; entonces el conjunto del macizo de la Horconera, era denominado “Tiñosa”…

lunes, 29 de diciembre de 2008

27-12-2008 crónica de la subida a la Tiñosa

SABADO, 27 DE DICIEMBRE
SUBIDA A LA TIÑOSA POR EL PASO DE LA CULEBRA.

Los aficionados saben que la ruta que llamamos “del Fantasma” o “del Ángel”, saliendo desde el Cortijo de las Chozas de Toledo, es la más directa, quizá la más corta para subir a la Tiñosa; y que lo acostumbrado es bajar por el Morrión de la Cueva y el puerto Mahina. Pero algunos la tenemos ya muy vista. Así que esta vez buscábamos una vía distinta.
De las que conozco, me gusta especialmente la que oí llamar ruta del “paso de la culebra” aunque no sé el porqué de ese nombre. Dejamos un coche en la parada habitual antes del Cortijo de las Chozas y volvimos con otro vehículo hasta el cortijo de La Umbría, al que se entra desde el cruce del carril de las Chozas con el carril de Navasequilla.
Íbamos esta vez Gertrudis y Juanma, Manolo Rico, Alonso Arroyo y este escribano. Desde el cortijo (una explotación ganadera de las más grandes y más antiguas de la zona) mirando al sur, se ve subir el valle que a media altura está ocupado por un encinar tupido y muy bien conservado; en lo más alto, una sucesión de tajos de gran altura que forman una muralla aparentemente infranqueable. Comenzamos a subir siguiendo el carril que pasa delante del cortijo y un poco más arriba, desde la fuente (un abrevadero en el que podrían beber 60 cabras a la vez), sigue ascendiendo hasta torcer a la izquierda y cruzar el arroyo por el que ayer bajaba un hilo de agua limpia y helada. Quedan a un paso las ruinas del antiguo cortijo cubiertas por una malla de tela metálica y plástico seguramente para utilizar el recinto como criadero de aves.
Desde allí avistamos ya bastante bien el Paso de la Culebra que se distingue por una gran peña de forma piramidal y dos manchas de vegetación a distintas alturas. Ascendemos por la loma que queda a la izquierda del arroyo pues el barranco que sube directo al paso presenta un gran bosque muy denso y mucha maleza mientras que por esta zona se cruza fácilmente el encinar. A unos mil metros de altura tocamos ya la nieve, pequeñas manchas, algunas convertidas en hielo, restos de la última gran nevada que se produjo hace unos 15 días. El paso se adivina ya muy cerca bordeando por la izquierda la citada peña triangular. Cruzamos algunos canchales y seguimos desviándonos a la izquierda para evitar el barranco, lleno de piedras sueltas, que se forma delante del paso. Finalmente, Juanma y yo llegamos a la base de los tajos y caminamos hacia la derecha hasta caer sobre el barranco justo donde comienza el paso entre los tajos. Gertrudis, Manolo y Alonso llegan al paso subiendo desde más abajo. Reunión, descanso, hacemos fotos, las vistas son ya impresionantes y el lugar es de una gran belleza; ahora vemos el bosque desde arriba y el valle que se cierra justo a la altura del cortijo antes de perderse en los olivares.
Afrontamos poco más de cien metros de rocas entre dos tajos, con un gran desnivel que nos obliga a utilizar las manos en ocasiones, aunque realmente no hay peligro. Creo que un lugar como este, está en el límite entre el senderismo y el montañismo. Cuando pasamos la zona de rocas el desnivel sigue siendo muy fuerte otros doscientos metros más, pero ya el terreno es el típico de toda la sierra. Pronto empezamos a ver, al oeste, las estribaciones de Tiñosa por el sur, una sucesión de tajos, la cara este de Alucemas y al fondo las crestas del Bermejo. Es un paisaje absolutamente salvaje…
Cuando llegamos al cambio de vertiente, lo más difícil está pasado. Admiramos los paisajes del sur; Sierra Nevada está visible aunque el cielo está nublado. No llueve pero corre el viento, fuerte y helado. En dirección oeste, tardamos algo más de media hora en llegar el punto geodésico, en el que encontramos a cinco muchachos de Priego.
Son las 11,30. Hace un frío espantoso; metemos prisa a los dos “novatos” (para Manolo y Alonso esta es su primera subida a la Tiñosa), que se encargan de escribir en el libro de la cumbre; hacemos fotos y nos refugiamos del viento en las rocas que hay debajo de la bandera de Andalucía, para comer un poco y descansar.
El regreso es por la ruta más habitual: llegada al Morrión y parada en la cueva, bajada hasta puerto Mahina y llegada al coche pasando por el Cortijo de las Chozas.
En total, hemos empleado cinco horas y media. Nunca hemos pretendido batir ningún record.
M. Forcada

lunes, 15 de diciembre de 2008

14 de diciembre: mojada increíble en el Camino del Navazuelo

Ayer, tras haberlo acordado con Javi Sánchez en la noche anterior, en una mañana de agua aterradora, nos dispusimos a salir de ruta. Nuestra primera intención era subir por la zona de Valdecañas, pero ante la perspectiva climatológica - sobre todo por la niebla - decidimos bajarnos al más seguro Camino del Navazuelo.

Dejamos el coche junto a la A-339 y provistos de los trajes de agua empezamos a subir por el carril, muy firme y sin barro. La lluvia arrecia, a partir de determinada altura ya es nieve y el km. 4 se convierte en una infernal ventisca que nos hace deternernos y dar la vuelta en busca del coche. Como a un km. del punto de partida, para poder tomar el bocata a resguardo, subimos a un cortijo abandonado propiedad de Dominguillo el poeta. Comemos de pie y de prisa, las mochilas gotean y para no enfriarnos decidimos reemprender la marcha sin demora hasta el vehículo. Allí nos desprendemos de los trajes de agua y salimos dirección Priego con la calefacción a tope.

En fin, una experiencia más, húmeda pero no más dura que la subida a un pico de rojizo nombre.

lunes, 1 de diciembre de 2008

30-11-2008 crónica escapada de Manolo Rico con su familia para ver la nieve




La verdad es que cuando pica el gusanillo, si puedes te rascas, me explico; el domingo día 30/11/2008 sobre las 12:00 h. lo que menos esperaba era salir de casa, cuando de pronto, suena el teléfono y era mi yerno, que me decía que como había nevado se iba con mi hija y unos amigos al pie de la Tiñosa para ver como estaba. Hasta ahí todo bien, les digo que tengan cuidado, que yo me voy al gimnasio para hacer algo de deporte.

Pero amigo, aquí viene lo del gusanillo; desde hace algún tiempo y gracias a Rafael Pimentel y Miguel Forcada, vengo haciendo un deporte que nunca había practicado “El Senderismo” y sin casi pensármelo (ni darme cuenta, cuando menos acordé) y en contra de todo lo previsto, al poco rato me encontraba con el resto de la familia en las Chozas de Toledo, con un espectáculo que no se ve muchas veces, por lo que aprovechando un poco el conocimiento del lugar, ya que la semana antes Miguel Forcada, Agustín Espinosa y yo, nos habíamos aventurado en la subida al Pico Alhucemas (ver crónica de Miguel Forcada en senderismodepriego.blogspot.com), decidí subir si quiera, por eso del gusanillo y la gran nevada que había, hasta Puerto Mahina, así que junto con uno de los acompañantes, sin darnos cuenta y a pesar de algo de dificultad, (no tanta como en el Alhucemas ni en el Bermejo) (Ver Senderismodepriego.blogspot.com) subimos a Puerto Mahina, cosa que me hizo bastante ilusión, posiblemente gracias al panorama que observaba y que en esta ocasión me acompañaba mi perrillo Miky de 7 meses, que me tenía asombrado, ya que al no salir a penas de casa y menos al campo, subía por la sierra como si lo hubiera hecho toda la vida…

La verdad, no es que me haya dado muy fuerte por eso del senderismo (o sí ), pero quiero dar las gracias a Rafael y a Miguel, ya que creo que gracias a ellos esta mañana de domingo, en principio destinada a otro menester, de pronto, por una llamada telefónica, cambió y me hizo vivir un rato tan apacible y agradable que mereció la pena, por lo que aprovechando invito a todos aquellos que visitan la página senderismosdepriego.blogspot.com a que se animen y cuando puedan nos acompañen y como dice mi amigo Rafael, “ a las 8 en el Águila”.

Un saludo.

Manolo Rico.




jueves, 27 de noviembre de 2008

27-11-2008 ruta en solitario Camino del Hoyo-Zagrilla

Esta mañana me levanté con la intención de salir a hacer un poco de senderismo pues el próximo fin de semana no puedo. Con el cielo nublado y algunas gotillas retrasé mi partida hasta las 10'30 horas y sorpresivamente decidí acometer el Camino del Hoyo, vía que veo todos los días cuando me incorporo por el Carril de los Silos a las A-339 para ir a trabajar.

Así dejé el coche en un apartadero y comencé la marcha que al principio tiene una pendiente realmente dura. Cuando llegas a la cumbre empieza a llanear descendiendo poco a poco más adelante. Es aquí, donde se domina una paisaje espectacular: a la izquierda la Sierra Tiñosa, la de Alhulemas y La Horconera, entre las tres los puertos de Mahína y del Cerezo, más allá el pueblo de Carcabuey. A la derecha vistas de la Sierra de Leones y más al fondo la Sierra de Esparragal con las dos Zagrillas, es realmente sobrecogedor.

Sigo caminando por un carril en bastante buen estado y desciendo hasta llegar a la curva de 90º del antiguo trazado de la carretera de Zagrilla; apenas han pasado 50 minutos y me ha acompañado un perrito lanudo durante todo el trayecto que ha discurrido por el omnipresente olivar. Me vuelvo sin más descanso que un trago de agua y desando el camino; al llegar a la vertiente ya citada de nuevo a estremecerme, ¡cuánta belleza a apenas 500 metros del casco urbano de Prigo! Al final son unas dos horas de marcha y el bienestar que me proporciona esta actividad.

Esperando convocaros a una nueva salida ya en diciembre, recibid un abrazo. Rafael Pimentel.

miércoles, 26 de noviembre de 2008

23-11-2008 Crónica de Miguel Forcada de su subida a la Sierra de Alhucemas

Me ha enviado Miguel Forcada una minicrónica sobre la subida que el pasado domingo 23 de noviembre hicieron a la Sierra de Alhucemas. Participaron junto a Miguel, Agustín Espinosa y Manolo Rico; también he recibido algunas fotografías que iré publicando en los próximos días. Espero que volvamos a juntarnos todos en una próxima ocasión para alguna nueva ruta.


Salimos de la cadena que hay poco antes del cortijo de las Chozas y en poco más de media hora alcanzamos Puerto Mahina ya dando vista a Cañatienda. Desde ahí comenzamos la subida a Sierra Alhucemas caminando en dirección Oeste; en menos de una hora empezamos a dar vista al valle del Puerto del Cerezo teniendo en frente las cumbres del Bermejo. Veíamos perfectamente por donde bajamos aquel día de la niebla.... Entonces volvemos a la izquierda y vamos cumbreando Alhucemas en dirección sur hasta llegar al filo del cono del glaciar (este es un nombre para entendernos) que cae sobre el cortijo Alto; esta zona es impresionante por el desnivel y los tajos que hay tan tremendos. De ahí son las primeras fotos, hay zonas espectaculares...Caminamos bordeando los tajos de ese cono, que cada vez se hacen más agrestes y estrechos; es un verdadero peñascal casi intransitable. Como sabes nuestro objetivo era encontrar una bajada desde las cumbres de Alhucemas hasta Puerto del Cerezo para hacer una ruta con el grupo y (los que se atrevan) intentar hacer "los tres grandes en un solo día", pero las cosas se pusieron cada vez más difíciles...

Caminando por las crestas dando vista a las dos vertientes, era ya impresionante. Empezamois a ver Puerto del Cerez pero los desniveles desde donde estábamos eran enormes y no veíamos bajada practicable ninguna. Seguimos hacia adelante hasta un chaparro que crece colgado de un abismo saliendo de una roca; estábamos practicamente bloqueados y solo había dos opciones: marcha atrás, difícil, o bajar por medio de los tajos, mucho más difícil. Manolo vio posibilidades desde una cornisa hacia una zona que parecía accesible; este humilde cronista confiesa que pasó allí unos minutos de pánico al sentir un vértigo que no podía dominar... Finalmente atravesamos aquella zona bajando desniveles seguramente superiores al 75 por ciento. Desde ahí fue algo más fácil aunque todavía en una bajada durísima. En estas fotos se ve el arbolillo o chaparro arriba, colgado casi de la cresta de Alhucemas; están hechas ya desde el Puerto del Cerezo.Una vez abajo, como era imposible volver por el mismo camino tuvimos que rodear la sierra de Alhucemas hasta la Peñuela; lo hicimos bajando el valle del Puerto del cerezo pero no por el camino habitual sino por la vertiente de los tajos, donde hay lugares bellísimos como los que van en el siguiente mensaje. Pero hicimos un traayecto larguísimo de manera que asomamos por la falda norte de Alhucemas pasando sobre el Arrimadizo y cayendo directamente sobre la Peñuela... Cuando llegamos al coche llevábamos 6 horas caminando casi sin descansos. Habrá que buscar un paso más fácil... pero si no lo encontramos, la subida a Alhucemas si es factible y bajaríamos recorriendo la sierra hacia el norte sin ningún problema.

miércoles, 19 de noviembre de 2008

16-11-2008 minicrónica ruta La Navasequilla-Puerto Mahína

Empezaré como siempre. Mañana no excesivamente fría y muy clara. Café, en mi caso descafeinado, en el Bar el Águila; allí las primeras bromas y algún chiste del camarero Moreno. Las presentaciones de las nuevas incorporaciones en la puerta. Nos distribuimos en coche y tras recoger en la gasolinera La Milana a Zafra, su hijo y Javi nos dirigimos hacia la Navasequilla.

Dejamos los coches en el cruce de este diseminado y marchamos por un camino en excelente estado hasta el Cortijo de la Peñuela. Aquí la vía se estrecha un poco pero todavía asciende sin grandes inclinaciones teniendo su final en el Cortijo de las Chozas de Toledo. En este punto, paralelo a un arroyo, subimos por una vereda que a veces desaparece entre los olivos. Hay mucha pendiente y de ves en cuando hay que descansar siendo que en cada una de estas paradas podemos contemplar unas vistas estupendas de la comarca de Priego. Arriba, al inicio del puerto se observa un árbol - luego comprobamos que era una álamo - que nos marca el objetivo. Finalmente llegamos pero todavía hay que subir más por una garganta en la que había una casa hasta dar vista a la zona de Las Lagunillas.

En este punto se decide continuar descendiendo hasta el antiguo Cortijo de Cañatienda lugar en el que tomaremos el desayuno, Conchi nos obsequiará con unos trozos de tarta de manzana, buenísima. Al momento, ascenso para la vuelta, sol y un poco de calor para retornar a Puerto Mahína (en algunos mapas se dice Puerto Mañina). El primer descenso del vuelta a las Chozas de Toledo despacio, depués meto el turbo pues me viene un poco justo para entrar en el turno de tarde.

Gracias a Miguel, Agustín, Alonso, Zafra, Rafalín, Javi, Conchi, Inma, Mariángeles y Oliver.

Gracia